
Cayó en Budge el acusado por el asesinato del sargento Gargiulo
La noche había quedado congelada en la memoria de todos desde aquel julio de 2025. Un disparo, una persecución y un policía herido que peleó por su vida durante semanas. Ahora, casi un año después, la historia sumó un capítulo clave: la detención del presunto autor del tiro que terminó con la vida del sargento Maximiliano Gargiulo.
El arresto se dio en Ingeniero Budge, en una casa baja de la calle Francisco de Aguirre. No fue un procedimiento silencioso. Hubo movimiento, tensión y una escena que se repite en los operativos más pesados del conurbano: un intento de fuga por los techos. Erik Nicolás Billordo, de 22 años, corrió buscando una salida que ya no tenía. Desde arriba, un dron seguía cada movimiento. Abajo, el Grupo Halcón cerraba el cerco.
La captura fue el resultado de meses de trabajo entre la DDI Lomas de Zamora, Avellaneda Lanús y otras áreas. No fue casual. El nombre de Billordo ya estaba en el expediente desde hacía tiempo. Huellas encontradas en el vehículo utilizado en el ataque, testimonios que lo señalaban y hasta una llamada en la que él mismo habría reconocido haber herido a un policía. Todo eso fue armando el rompecabezas.
El caso se remonta al 23 de julio de 2025. Gargiulo, integrante de la Policía de Prevención Local de Lanús, patrullaba cuando detectó un Volkswagen Vento gris en actitud sospechosa. La persecución empezó en Villa Caraza y terminó en Villa Centenario. Ahí, tres personas bajaron del auto y dispararon. Uno de esos tiros impactó en el rostro del sargento.
Lo trasladaron primero al Hospital Evita de Lanús. Después, a un centro de mayor complejidad en Palermo. Durante semanas, la noticia fue un hilo tenso entre la vida y la muerte. El 21 de agosto, ese hilo se cortó.
En paralelo, la investigación avanzaba. Los hermanos Thiago Damián y Diego Alberto Ojeda fueron detenidos meses después, señalados como parte del grupo. Pero faltaba el que, según la reconstrucción judicial, había ejecutado el disparo.
En el allanamiento en Budge no solo cayó el principal acusado. También se secuestraron armas con numeración limada, cargadores extendidos y una moto de alta cilindrada. Elementos que no son accesorios, sino parte de un circuito donde la violencia se organiza y se sostiene.
La causa está en manos de la UFIJ de Crimen Organizado N°5 y un juzgado de garantías de Avellaneda Lanús. La carátula es clara: homicidio agravado por tratarse de un miembro de una fuerza de seguridad. Pero más allá de la tipificación, hay algo que late por debajo.
Porque detrás de cada expediente hay una geografía. Villa Caraza, Centenario, Budge. Lugares donde la persecución policial, el delito y la precariedad conviven en una rutina que muchas veces no llega a la superficie. Donde una moto, un auto robado o un arma pueden definir un destino en segundos.
La detención de Billordo cierra una etapa, pero no resuelve el fondo. La violencia no empieza en el disparo ni termina en la detención. Se cocina antes, en redes invisibles, en economías paralelas, en decisiones que se toman en segundos y cambian vidas para siempre.
El caso Gargiulo vuelve a poner sobre la mesa esa pregunta incómoda que el conurbano conoce bien: cuánto de todo esto es excepción y cuánto ya forma parte de la regla.


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