
Detectan circulación masiva de hepatitis E en las cloacas del AMBA y crece la preocupación sanitaria
El hallazgo expone una circulación mucho más extendida de lo que reflejan los registros clínicos y posiciona a esta enfermedad como uno de los principales desafíos emergentes para la vigilancia epidemiológica en el área metropolitana.
Los líquidos residuales que ingresan diariamente a las plantas de tratamiento del conurbano bonaerense contienen un rastro biológico oculto que elude los registros de los hospitales.
El desecho cloacal de millones de ciudadanos se convirtió en el espejo de una infección silenciosa que no siempre llega a las salas de guardia médica. Los análisis ambientales confirmaron una presencia persistente de hepatitis E en los barros y aguas negras de toda el área metropolitana.
El virus de tipo alimentario se consolidó como un patógeno emergente que infecta a los vecinos de manera asintomática o solapada. La planta depuradora ubicada en la localidad de El Jagüel registró el índice de positividad más alarmante del estudio, alcanzando un 76% de muestras contaminadas. En contraposición, la estación sanitaria del área Sudoeste arrojó el piso más bajo del relevamiento con un 49% de presencia, un número que igualmente demuestra una dispersión comunitaria innegable.
Este monitoreo de los efluentes cloacales expone una realidad epidemiológica totalmente opuesta a la que presenta la clásica variante de la hepatitis A. Mientras este último virus muestra una aparición discontinua, intermitente y en franca retirada de los caños del conurbano, la variante E se mantiene firme en las redes. Los médicos sanitaristas adjudican la esporádica detección de la primera variante a la efectividad histórica de la vacunación obligatoria en la población argentina.
Los laboratorios centrales lograron aislar las muestras para identificar la fisonomía exacta del microorganismo que transita por las tuberías del Gran Buenos Aires. Los especialistas determinaron que las cepas pertenecen al genotipo 3, clado 3.1, una variante molecular estrechamente ligada a reportes clínicos previos del territorio nacional. Este hallazgo específico ratifica el potencial de transmisión zoonótica de la enfermedad, abriendo sospechas sobre la cadena de producción o consumo de carnes.
Las tareas de recolección y análisis microbiológico demandaron un esfuerzo sostenido que se extendió desde diciembre de 2022 hasta septiembre de 2025. El trabajo de campo unificó los recursos científicos del INEI-ANLIS “Dr. Carlos G. Malbrán” con la infraestructura técnica de la empresa estatal AySA. Las muestras sistemáticas recolectadas durante esos años sirvieron para nutrir el último Boletín Epidemiológico Nacional, correspondiente a la semana número 20.
La secuenciación genética de la hepatitis A también deparó sorpresas para los investigadores que procesaron el material en las instalaciones de referencia. El estudio identificó el predominio del subgenotipo IA, pero las cadenas moleculares aparecieron agrupadas con la variante europea VRD_521_2016. Esta ramificación particular estuvo vinculada en el pasado reciente a brotes focalizados dentro de comunidades de hombres que tienen sexo con hombres.
Ambos patógenos comparten la misma vía de contagio fecal-oral, un mecanismo que se activa por la ingesta de agua contaminada o comida mal lavada. La enorme brecha de positividad entre las dos enfermedades reconfigura el mapa de las hepatitis agudas en humanos dentro de los aglomerados urbanos. Los científicos advierten que la persistencia del tipo E en los desechos cloacales denota una circulación ambiental masiva que sobrepasa las estimaciones previas.
La geografía de la investigación epidemiológica abarcó de punta a punta el mapa de los servicios cloacales metropolitanos a través de cinco nodos clave. Además de los puntos críticos del sur del conurbano, las cuadrillas tomaron muestras en las plantas industriales de Norte, Hurlingham y Berazategui. La positividad de la hepatitis A en estos mismos establecimientos osciló entre un nulo 0% en la zona sur y un modesto 22% en el oeste bonaerense.
La epidemiología basada en el examen de las aguas residuales funciona como un termómetro colectivo capaz de adelantarse a las consultas clínicas tradicionales. El rastreo de la materia fecal permite ubicar los sectores geográficos de mayor exposición y optimizar los programas de prevención primaria en los barrios. El gran dilema del sistema de salud radica hoy en la velocidad para transformar estas mediciones de los barros cloacales en decisiones concretas destinadas a deprimir la circulación del virus.


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