Gray se acerca a Kicillof, pero reclama que salga a disputar la calle contra Milei

El intendente de Esteban Echeverría reconoce que Axel Kicillof es hoy el dirigente mejor posicionado para encabezar una alternativa peronista en 2027, pero advierte que eso no alcanza. Reclama más militancia territorial, presencia nacional y distancia de La Cámpora.
Región16/06/2026

NOTA 2Por Nicolás “Hi Tech” Fernández Rivas

 

 

Mientras tanto, consolida su propia autonomía política, fortalece un armado propio en el sur del Conurbano y prepara el salto hacia una nueva etapa de su carrera más allá de la intendencia.

 

Hay movimientos políticos que se anuncian con discursos. Otros se anuncian con silencios. Fernando Gray eligió durante años el segundo camino. Fue uno de los pocos intendentes peronistas que se animó a enfrentar a Máximo Kirchner cuando buena parte del peronismo bonaerense prefería mirar para otro lado. Aguantó la soledad, construyó identidad propia y sobrevivió a una interna donde muchos apostaban a verlo desaparecer políticamente. No ocurrió.

 

Por el contrario, el intendente de Esteban Echeverría llega a 2026 parado sobre una realidad incómoda para propios y extraños: conserva gestión, conserva territorio, conserva estructura y demostró que puede competir por afuera de los esquemas tradicionales sin evaporarse en el intento.

 

Por eso su reciente acercamiento a Axel Kicillof merece una lectura más sofisticada que la simple foto de unidad peronista. Gray no está regresando al redil. Está negociando desde una posición de fortaleza.

 

En el tablero actual del peronismo, el jefe comunal reconoce algo que pocos discuten en privado: Kicillof es hoy el dirigente con mayor volumen político para enfrentar a Javier Milei en 2027. Tiene nivel de conocimiento, gestión provincial, estructura territorial y centralidad mediática. El problema, según interpreta Gray, es que ninguna de esas condiciones garantiza por sí sola una victoria electoral.

 

La observación es sencilla pero filosa. Para el intendente echeverriano, el gobernador necesita abandonar cierta lógica administrativa y asumir una construcción política más agresiva. Traducido al lenguaje de la rosca: recorrer provincias, ampliar alianzas, salir del perímetro bonaerense y convertirse en una referencia nacional capaz de disputar agenda, narrativa y calle al mileísmo.

Detrás de esa definición aparece otra condición no escrita.

 

Gray considera que cualquier candidatura competitiva del peronismo deberá construir volumen propio y no quedar encapsulada dentro del universo camporista. Es una diferencia que atraviesa toda su trayectoria reciente y que explica buena parte de sus movimientos.

La relación con La Cámpora no está rota. Está directamente diseñada sobre la desconfianza. Son demasiados años de enfrentamientos, litigios partidarios e internas abiertas como para imaginar una reconciliación política plena. Gray podrá acompañar una candidatura encabezada por Kicillof, pero difícilmente acepte una estructura subordinada a quienes combatió durante años.

 

Mientras esa discusión se desarrolla en la superestructura del peronismo, en Esteban Echeverría ocurre otra historia menos visible pero igual de importante.

La limitación a las reelecciones obliga a muchos intendentes a pensar el día después. Algunos recién comienzan a hacerlo. Gray hace tiempo que trabaja sobre esa hipótesis.

 

En su entorno aseguran que existe un esquema de gestión preparado para garantizar continuidad política independientemente de quién encabece la boleta local. La construcción ya no gira exclusivamente alrededor de una figura personal sino de un equipo que combina gestión, presencia territorial y conocimiento de la administración municipal. La apuesta es clara. Preservar el proyecto político construido en Echeverría mientras se exploran nuevos horizontes provinciales.

 

Esa combinación explica por qué Gray aparece cada vez menos como un intendente tradicional y cada vez más como un dirigente que busca ampliar radio de acción. No rompe con Kicillof. Tampoco se entrega. Se acerca, pero marca condiciones. Acompaña, pero conserva autonomía. Se integra, pero evita diluirse.

 

En política, la independencia suele durar hasta que aparecen las necesidades. Gray parece decidido a demostrar lo contrario. Después de años de resistir presiones internas, construyó algo que escasea en el peronismo contemporáneo: capacidad de negociación propia. Y en un movimiento político acostumbrado a premiar obediencias, eso puede convertirse en un activo más valioso que cualquier cargo.

 

Porque mientras muchos dirigentes todavía discuten quién será candidato en 2027, Fernando Gray parece estar jugando otra partida: la de asegurarse que, gane quien gane, siga habiendo un lugar en la mesa donde se toman las decisiones.

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