El petróleo supera los USD 100 y amenaza un ancla inflacionaria que utiliza el Gobierno para contener inflación

La escalada del Brent por la crisis en Medio Oriente vuelve a poner bajo presión el precio de los combustibles. Tras semanas utilizando a YPF para amortiguar el impacto, el Gobierno enfrenta un dilema: sostener el atraso de las naftas o trasladar el costo a toda la economía.
Actualidad27/07/2026

NOTA ECONOMIA COMBUSTIBLES

La guerra en Medio Oriente volvió a irrumpir en la economía argentina por una puerta conocida: el precio de la energía. El barril de Brent superó nuevamente los USD 100 tras la escalada del conflicto en torno al estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio mundial de petróleo. Para un Gobierno que convirtió a la desaceleración de la inflación en el principal activo político de su gestión, el movimiento representa mucho más que una noticia internacional. Es una amenaza directa sobre uno de los pilares de su programa económico.

El aumento del crudo llega en un momento particularmente sensible. Durante las últimas semanas, YPF y el resto de las petroleras absorbieron parte de la suba internacional para evitar un traslado inmediato a los surtidores. Esa estrategia permitió amortiguar el impacto sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC), pero también abrió una contradicción difícil de sostener para una administración que hizo del alineamiento con los precios de mercado una bandera permanente.

El problema es que el margen para seguir conteniendo los combustibles comienza a agotarse. Hoy los valores locales equivalen a un barril cercano a los USD 80, mientras el Brent ya perforó el umbral de los tres dígitos. La consultora 1816 calculó que, incluso con un Brent en torno a los USD 98, la nafta en Argentina continúa comercializándose como si el petróleo cotizara cerca de USD 84. Esa brecha refleja el esfuerzo realizado por las empresas para evitar una suba más brusca, pero también anticipa que el ajuste pendiente sigue acumulándose.

 

El combustible vuelve a poner en jaque la desaceleración de la inflación

La discusión excede a las estaciones de servicio. Cada incremento en el precio del gasoil repercute sobre el transporte de cargas, encarece la logística y termina trasladándose al valor final de prácticamente todos los bienes. El agro tampoco queda al margen: sembrar, cosechar y transportar producción depende del combustible. Cuando aumenta el petróleo, el impacto termina llegando a la mesa de los argentinos.

Los analistas coinciden en que allí aparece uno de los principales riesgos para el segundo semestre. La consultora Equilibra sostiene que el "buffer" aplicado por YPF fue determinante para contener la inflación de junio, que se ubicó en el 1,9%, aunque advierte que ese colchón tiene un límite operativo y financiero.

EcoGo también cuantificó el problema. Según sus estimaciones, los combustibles representan el 3,8% de la canasta que releva el INDEC, por lo que cada aumento neto del 10% en los surtidores agrega alrededor de 0,38 puntos porcentuales a la inflación mensual. Es un impacto directo al que luego se suma el efecto indirecto sobre transporte, producción y alimentos.

El Gobierno ya volvió a postergar la actualización plena del Impuesto a los Combustibles Líquidos para intentar evitar un nuevo salto inflacionario durante julio y agosto. La medida ayuda a ganar tiempo, pero también implica resignar recursos fiscales y acumular una corrección que tarde o temprano deberá resolverse.

En paralelo, la CEPAL elaboró distintos escenarios sobre el impacto del encarecimiento internacional de la energía. En el más severo, con un petróleo estabilizado en niveles de tres dígitos y un fuerte aumento de los costos energéticos, la inflación anual argentina podría incorporar hasta 2,5 puntos porcentuales adicionales. La producción de Vaca Muerta amortigua parte del golpe externo y mejora la balanza comercial, pero no alcanza para evitar que un barril más caro termine recorriendo toda la cadena de costos de la economía.

La paradoja vuelve a quedar expuesta. El mismo petróleo que fortalece las exportaciones energéticas y mejora el ingreso de divisas amenaza ahora con desarmar el principal logro económico que exhibe la Casa Rosada. En un esquema que proclama el libre mercado como regla, sostener combustibles artificialmente retrasados luce cada vez más incompatible con el propio modelo. Y cuando ese equilibrio se rompa, no sólo hablarán los surtidores: también lo harán los precios de los alimentos, el transporte y la producción.

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