
Buenos Aires lidera la desaparición de empresas y profundiza la alarma productiva
La economía argentina puede exhibir algunos indicadores financieros más ordenados que los de años anteriores, pero debajo de esa superficie se desarrolla un fenómeno mucho más difícil de revertir: la erosión sostenida del aparato productivo. Los últimos datos del Sistema de Riesgos del Trabajo muestran que durante marzo desaparecieron otras 2.011 empresas empleadoras y que el país acumula ya 25 meses consecutivos de caída en este indicador. No se trata de una oscilación estadística. Es la pérdida persistente de unidades productivas que generan empleo, inversión y actividad económica.
En marzo quedaron registradas 481.635 empresas empleadoras activas. Un año atrás eran más de 495.800. La diferencia equivale a 14.203 firmas menos en apenas doce meses, una contracción del 2,84% que además representa el peor resultado de toda la serie reciente.
La cifra adquiere otra dimensión cuando se amplía el análisis hacia el inicio de la gestión de Javier Milei. Desde noviembre de 2023 hasta la actualidad desaparecieron 26.448 empresas empleadoras. Detrás de ese número aparecen talleres, comercios, industrias, constructoras y emprendimientos productivos que dejaron de operar o redujeron su estructura hasta perder su condición de empleadores formales.
La Provincia de Buenos Aires en el centro del impacto
La geografía de la caída no es uniforme. La provincia de Buenos Aires aparece como el distrito más afectado del país tanto en términos absolutos como por el peso que tiene dentro de la estructura económica nacional.
Solo en los últimos doce meses perdió 4.311 empresas empleadoras. Si la comparación se realiza contra noviembre de 2023, la cifra asciende a 5.615 firmas menos.
No es un dato menor. Buenos Aires concentra buena parte del entramado industrial, comercial y logístico argentino. Cuando una empresa cierra en el conurbano, en el cordón industrial o en el interior bonaerense, el impacto trasciende el ámbito local y repercute sobre cadenas de proveedores, transporte, consumo y empleo.
Detrás aparecen Córdoba con 2.187 empresas menos, la Ciudad de Buenos Aires con 1.539 y Santa Fe con 1.305.
La única excepción fue Neuquén, que mostró un crecimiento marginal de apenas doce empresas, impulsado por la dinámica vinculada al desarrollo energético.
Industria, comercio y construcción: los sectores más golpeados
La destrucción empresarial golpea especialmente a las actividades que históricamente funcionaron como motores del empleo privado.
La industria manufacturera perdió 2.167 empresas en un año, con una caída del 4,5%. El comercio eliminó 5.145 firmas y registró una baja del 3,5%. El agro retrocedió un 2,3% y la construcción perdió otras 425 empresas.
La situación industrial resulta especialmente delicada. El sector metalúrgico acumula caídas de producción, baja utilización de capacidad instalada y crecientes dificultades para competir frente al avance de importaciones provenientes de economías con fuertes esquemas de subsidios.
A la vez, el comercio enfrenta una demanda debilitada y un consumo que todavía no logra recomponerse. Las pequeñas y medianas empresas reclaman alivio fiscal, facilidades para regularizar deudas y mecanismos que permitan sostener la actividad en un contexto donde muchas operaciones sobreviven al límite de la rentabilidad.
La consecuencia inevitable aparece en el mercado laboral. En paralelo al cierre de empresas, el empleo privado formal perdió más de 216.000 puestos de trabajo desde el inicio de la actual gestión, mientras que también se redujo el empleo en casas particulares.
La pregunta ya no es únicamente cuántas empresas cierran. La pregunta es cuánto tejido productivo puede perder una economía antes de que la recuperación se vuelva mucho más difícil y costosa.





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